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SELLO/STAMP # 1733
1995 “50 AÑOS OTORGAMIENTO PREMIO NOBEL A GABRIELA MISTRAL”
SELLO # 1733
Impresión : Grabado
SOBRE PRIMER DIA / FIRST DAY COVER
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PRIMER DÍA DE EMISIÓN
FIRST DAY ISSUE
15.11.1995
stamp_1733
GABRIELA MISTRAL
(#)
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50 AÑOS OTORGAMIENTO PREMIO NOBEL A
GABRIELA MISTRAL

“1945-1995”
Sello nº1733

Nace en el valle de Elqui, en Montegrande, un siete de abril de 1889. Vivió su infancia en comunión con la tierra y aprendió allí verdades primarias que nunca perdió. En este Valle, que sintió siempre como su verdadera patria, fue asimilando una especie de América pequeña en la que mucho de la grande estaba presente: el trópico, con sus árboles y pájaros sorprendentes ( recuérdese el poema ”Todas íbamos a ser reinas”) y con la dulzura casi sin estaciones del año tibio; el clima suave que hace crecer las viñas que humanizan el paisaje de Elqui, trepando hasta media falda de las montañas y, en el fondo, detrás de huertos espesos como selva, la cordillera próxima, la imagen de nuestra madre dura, sobre las aldeas pobladas por vieja gente mestiza, muchas veces miserable, allí vivió su infancia, allí comenzó también su amargo ejercicio de soledad y dolor.
“ Chile un territorio tan pequeño, que en el mapa llega a parecer una playa entre la cordillera y el mar, un paréntesis de espacio como el juego entre los dominadores centaurescos. Al sur, el capricho trágico de los archipiélagos australes, despedazados, haciendo una inmensa laceradura al terciopelo del mar. Y las zonas naturales claras, definidas, lo mismo que el carácter de la raza. Al norte, el desierto, la salitrera requemada del sol, donde se prueba el hombre en dolor y en esfuerzo. Enseguida, la zona de transición, minera y agrícola, la que a dado sus tipos más vigorosos a la raza: sobriedad austera de paisaje uno como ascetismo ardiente de la tierra. Después, la zona agrícola, el paisaje afable; las manchas gozosas de los huertos y las manchas densas de las regiones fabriles; la sombra plácida del campesino, pasa quebrándose por los valles y las masas obreras hormiguean ágiles en las ciudades. Al extremo sur del tópico frío, la misma selva exhalante del Brasil, pero negra, desposeída de la lujuria del color; las islas ricas de pesca, envueltas en una niebla amoratada. Y por fin la meseta patagónica, nuestra única tierra de cielo ancho, de horizontalidad perfecta y desolada, suelo de pastoreo, para los ganados innumerables, bajo las nievas, pequeño territorio, no pequeña nación; suelo reducido, inferior a la índole heroica de sus gentes. No importa: Tenemos el mar ...el mar ...el mar”.
El grito de América: ¡América; todo por ella; porque todo nos vendrá de ella desdicha o bien!
Somos aún México, Venezuela, Chile, el azteca - español, el araucano-español; pero seremos mañana, cuando la desgracia nos haga crujir entre su dura quijada, un solo dolor y no más que un anhelo.
Maestro: enseña en tu clase el sueño de Bolívar, el evidente primero clávalo en el alma de tus discípulos con agudo garfio de convencimiento; divulgar la América su Bello, su Sarmiento, su Lastarria, su Martí, no seas ebrio de Europa, un embriagado de lo lejano, por lejano extraño, y además caduco, de hermosa caduquez fatal.
No era Gabriela criatura para disimular nada, decía lo que pensaba, no sabía de doblez ni de política, era ingenua y humilde en la estimación de su propio valer. Cada vez que se encontró con gente lista tuvo conflictos, los que afrontó con detrimentró de su paz interior.
Era artista y maestra, por lo tanto de sensibilidad mayor, sintió más la obligación de decir la verdad.
Tenemos que admitir que pocos sufrieron de tanta incomprensión, tanta ingratitud y falta material de todo orden. Acaso nadie como ella, de tanta ofensa, desgracias, soledad y frustración. A los tres años de edad empiezan sus pruebas de fuego. Su padre de quien era entrañablemente querida, abandona el hogar para siempre. a los nueve años, habiendo sido enviada por su hermana desde Montegrande a una escuela superior, por un tremendo malentendido fue castigada por los profesores ejemplarizadoramente y vejada por las niñas en forma ignomiosa y aunque después se aclaro todo en forma satisfactoria, se dieron las disculpas del caso, nunca se libró Gabriela de la lesión moral de tal error e injusticia.
A los doce años, insistiendo en el deseo de educarla, su madre la llevó a la Serena, empezaban a aplicarse los “test”, quiso la mala suerte que el suyo se interpretara como de “incapacidad absoluta para todo estudio”, con este comprobante la devolvieron a su desolada madre. Hacia los quince años, otra vez con renovadas esperanzas, con exhaustivos estudios autodidácticos revisados por su hermana, con su ajuar listo, se queda sin admisión en la Escuela Normal de la Serena, sin saber la verdadera causa del rechazo (no le habían hecho gracia unos versos suyos aparecidos en el periódico local). Alguien le consiguió un empleo de escribiente en el Liceo de la misma ciudad, un día Gabriela inscribe como alumnas a unas niñas que cumplían todos los requisitos, pero eran tan pobres como ella ... la jefa se indignó y como Gabriela se atreviera a defender su punto de vista, fue despedida por subversiva, entre la época de este empleo y el de la escuela pública de la cantera, conoce al que fuera su gran amor: Romelio Ureta, un empleado de ferrocarriles de 22 años, quien se suicidó cuatro años después.
Transcurren así sus primeros 20 años. Luego, en 1914, viene su primer éxito en los juegos florales, y su viaje a México, país donde participó activamente en la trascendental Reforma Educacional, cuyo reconocimiento fue expresado cuando el Ministro de Educación de México, don José Vasconcelos, decía: “más que nunca convencido de que lo mejor de Chile ahora está en México. En México ninguna mujer es más querida y admirada que usted. Si yo siguiera diciéndole todo lo que México siente y todo lo que espera de usted, no terminaría nunca, usted misma va a mirar muchas cosas que tal vez nosotros no hemos visto, y usted no se sentirá cohibida para decirnos su pensamiento, por que por encima de sus sentimientos, de su cortesía, están sus deberes de maestra que dice la verdad conforme a su limpio corazón”.
Gabriela Mistral recibió el Premio Novel de Literatura, correspondiente al año 1945.
Fallece el 10 de enero de 1957.

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